Una de las cosas que estoy aprendiendo en mis prácticas en la Farmacia es que no tengo ni idea de nada. Mucha química, botánica, física y fisiología durante la carrera, pero cuando a mi me viene alguien preguntando que qué se puede tomar para el dolor de garganta me quedo más pará que en la A-49 a la altura del Ikea a las 8 de la mañana.
He tenido la suerte de caer en una Farmacia estupenda. El dueño se porta muy bien conmigo, y la farmacéutica adjunta y el auxilar, con los que paso todo el tiempo, no pueden ser mejores. Desde el primer día me han dado libertad para hacer lo que yo quiera, me han enseñado siempre con una sonrisa en la boca, han conseguido hacer que sea como una más en esa Farmacia, y no como una extraña que está allí de paso... en fin, solo tengo buenas palabras hacia ellos.
Volviendo al tema inicial, y aunque estoy aprendiendo y cada dia estoy más suelta con las recetas, la recepción de pedidos, facturación, receta XXI... con lo que no estoy tan suelta es cuando llega un paciente y me pregunta algo sobre la medicación que le estoy dando, o me pide consejo sobre algún tema de salud. Y aunque en mi subconsciente sé la respuesta, no caigo en el momento. Mis compis de la Farmacia, entre otras muchas cosas, me están enseñando a sobrellevar este tema que me tiene un poco asustada. La solución que le estamos encontrando es que, cuando se me presente una situación de estas, tengo que intentar que el paciente no se de cuenta de que no tengo ni idea, y ya dentro, en la rebotica, encontrar la solución, buscando en la base de datos del consejo o preguntando a mis compañeros. Yo pienso que es de la mejor forma que se puede aprender, y gracias a esta técnica le he conseguido perder el miedo al mostrador e ir soltándome más.
He pensado en ir plasmando en el blog las historias y anécdotas más curiosas que me vayan pasando en estas prácticas, ya que estoy segura de que con el paso del tiempo se me olvidarán y me gustará recordarlas en un futuro.
La primera anécdota que más gracia me hizo fue hace un par de semanas. Entró en la Farmacia un señor mayor, de unos 60 o 70 años. En esos momentos no había nadie más allí, así que mis compis me animaron a que yo atendiese a ese señor, y si tenía alguna duda que entrase en la rebotica, tal y cómo habíamos acordado, que ellos estarían pendientes...
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Hola, ¿qué desea?-
Pues buscaba una laca mate roja.(Dios!!!!!!! eso qué es???? una loción? un enjuague bucal? laca de uñas?...)
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Eeehh... sí un segundo, voy a mirar dentro...Cual es mi sorpresa cuando entro en la rebotica y me veo a mis dos compis descojonados de la risa... y ya me explicaron que ese hombre se debía de haber despistado, y seguramente tenía la intención de entrar en la tienda de pinturas que hay justo al lado de mi Farmacia...
El señor se debió dar cuenta del despiste antes que yo, porque cuando salí a explicarle el error ya se había marchado.
No sé quién de los dos pasó más vergüenza, él por la equivocación o yo por no haberme dado cuenta antes.